De Anglet hasta Hendaya la costa vasca se codea con las montañas. Las primeras cimas de los Pirineos parecen dudar entre la llamada de las olas o la de las altas cumbres. Para poder disfrutar a la par de acantilados y montañas uno no puede dejar de seguir el sendero del litoral, que sin dificultad alguna, bordea el océano en los 25 km que existen entre Bidart y el estuario del Bidasoa, con la montaña a un lado y los acantilados y playas al otro.
Posada sobre la costa vasca hay una casa de lo más extraño, construida a finales del siglo XIX por el barón de l'Espée.
 
Se trata de una vivienda tan imponente que se dice que, en los días despejados, desde la buhardilla puede verse el observatorio del Pic du Midi de Bigorre, a unos 150 km a vuelo de pájaro.
 
Sea o no verdad, lo cierto es que esta bonita historia revela la estrecha relación que vincula la costa vasca a la montaña. .
 

Es aquí, en la playa de Hendaya, donde comienza la GR10, que atraviesa todos los Pirineos.
 
Al pasar Biriatou las primeras sendas dejan ver que la montaña vasca, aunque no muy elevada, no se deja domesticar, y las piernas no tardan en comprender, al subir al puerto de Ibardin, lo que significa la palabra "desnivel".
 
Es una relación cercana la que mantienen costa y montaña en el País Vasco, como demuestra la famosa Costa de los Vascos, en Biarritz, llamada de esta forma por los vascos del interior que vienen hasta aquí para descansar..
 
De Anglet a Hendaya, la mirada se posa sin cesar en el magnífico decorado de montañas que acompaña al litoral vasco.
 
¿Habría tenido tanto encanto la bahía de Saint-Jean-de-Luz sin la sombra benefactora del Larrún, alzando sus 905 m a solo 10 km? En los días sin nubes la cima del Larrún ofrece unas vistas panorámicas del océano que dejan sin aliento, desde San Sebastián a la costa landesa.