De paso por Bayona, Victor Hugo se paró frente a las murallas y, no pudiendo contener su decepción, gritó: "¡Desdichados los paisajes que han osado fortificar! (...) Es una obra maestra de Vauban, dicen. Pero es muy cierto que las obras maestras de Vauban molestan a las obras maestras de Dios, nuestro Señor". Si El viaje a los Pirineos del poeta le hubiera llevado algo más al Este, habría tenido muchas más ocasiones para recriminar... o para admirar.
Es en 1659, tras la firma del Tratado de los Pirineos, cuando se desplaza la frontera, de Corbières hasta la cordillera pirenaica. El rey Luis XIV estaba convencido de que Roussillon era un enclave estratégico y había que defenderlo. Por ello, encarga a Sébastien Le Pestre, marqués de Vauban, la fortificación de multitud de ciudades pirenaicas, especialmente de las más orientales.

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Desde Villefranche-de-Conflent y Mont-Louis, en los Pirineos Orientales, la lista se extiende por 12 poblaciones, inscritas en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, desde 2008, como lugares destacados.
 
A las puertas de Cerdaña, Mont-Louis se convirtió en la ciudad fortificada más alta de Francia, a 1600 m de altitud.  Las fortalezas de Amélie-les-Bains y Salses-le-Château, construidas por los españoles en el siglo XV y revisadas por Vauban a partir de 1691, se unen a los fuertes que completan la lista: Fort de Bellegarde, sobre el Perthus, Fort Libéria, sobre el municipio de Villefranche-le-Conflent y Prats de Mollo.
Sin embargo, en el otro extremo de los Pirineos la influencia de Vauban no fue tan significativa.
 
La fortaleza de Saint-Jean-Pied-de-Port, en el País Vasco, construida por Pierre de Conty de la Mothe d'Argencourt a inicios del siglo XVII fue retocada solo superficialmente por orden de Vauban a finales de siglo.
 
Por su parte, en Béarn, la ciudad fortificada de Navarrenx no le debe nada al arquitecto francés, contrariamente a lo que aparece en ciertos escritos, sino al italiano Fabricio Siciliano, que un siglo antes, hizo de esta población la primera ciudad fortificada de Francia.
Y en lo que a Bayona se refiere, hoy en día las murallas que siguen en pie solo ofrecen un poco de cobijo a los enamorados o un poco de sombra a los corredores cansados durante las fiestas.