Multitud de lugares dan vida a la historia cátara, como Peyrepertuse o Quéribus. Pero será Montségur, con su castillo sobre la montaña del Pog, el que mejor encarne el espíritu de la epopeya de la Iglesia cátara, la "Verdadera Iglesia", contra la Iglesia Católica Romana. Sus miembros reivindicaban una fidelidad absoluta a los principios del Evangelio y rechazaban cualquier invento posterior de los Papas. Con ello, enfrentaban la Iglesia de Dios a la Iglesia del Mundo, ya que consideraban que el Reino de Dios no es de este mundo.

El catarismo, que sacudió la región de Languedoc y la zona del Pirineo oriental, comenzó el 15 de enero de 1208, con el asesinato del legado del Papa, concluyendo con el Tratado de Corbeil, en 1258, entre el rey de Francia, Luis IX y Jaime I de Aragón, ratificando las que serían las fronteras hasta la entrada en vigor del Tratado de los Pirineos, en 1659.

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En 1208, el Papa Inocencio III inicia una cruzada contra los herejes, llamados albigenses, que prosperaban en las tierras de los condes de Toulouse, dando comienzo a una guerra que durará veinte años. La ciudad de Carcasona, considerada inexpugnable hasta la fecha, caerá en 1209 y, el 12 de septiembre de 1213 se libra la famosa batalla de Muret entre las tropas reales y el ejército de Pedro II de Aragón. El soberano aragonés caerá en batalla, dando la derrota a los meridionales y el conde de Toulouse se verá despojado de sus tierras. Pero Toulouse se rebela y, en enero de 1224, la victoria cambiará de bando. Es entonces cuando el Papa hace un llamamiento a una segunda cruzada, liderada por el propio rey de Francia en persona, a partir de 1226. Laguedoc, exangüe y debilitado, se verá obligado a capitular y, en 1229 Raimundo VII firmará el Tratado de Maux, poniendo punto final a la Cruzada Albigense. Sin embargo, no será hasta la caída de Montségur, en 1244, cuando se dará por concluido el capítulo cátaro.

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