El gran Stade Toulousain, mayor campeón en todas las categorías de Brennus, viene periódicamente a preparar sus temporadas a Bagnères-de-Luchon. De Biarritz a Perpiñán, si los miramos desde el cielo, los Pirineos tienen una forma casi oblonga, que aquí se llama oval. Y es que el campeón indiscutible de la selección francesa de rugby no es otro que el ariegés Fabien Pelous, 118 veces proclamado mejor jugador.
En los años 50, cuando todavía nadie hablaba de profesionalizarse, la pelota ovalada veía sus caprichos frustrados por un pueblecito pirenaico. Entre 1848 y 1968 el FC Lourdes se coronó ocho veces campeón de Francia y seis veces del torneo Yves du Manoir.
 
En aquella época muchos internacionales, de Jean Prat a Jean-Pierre Garuet, se peleaban por jugar en la ciudad mariana. Los Altos Pirineos fueron, durante largo tiempo, feudo inexpugnable del rugby hexagonal y, el Stadoceste Tarbais se hizo con el título en 1973, mientras que el Bagnères-de-Bigorre, donde jugaban Jean Gachassin, Roland Bertranne y Jean-Michel Aguirre, quedó dos veces finalista, en 1979 y 1981. Su vecino de la ciudad de Pau tampoco se quedó atrás, consiguiendo tres títulos para su equipo, el Section Paloise.
 
En el País Vasco el rugby se vivía en forma de derby entre los equipos rivales, el Aviron Bayonnais y el Biarritz Olympique, llevándose, entre los dos, ocho títulos y una final histórica que los enfrentó, en 1934, en la que ganó el Aviron. Pero, en la era moderna, es el Biarritz Olympique el que se lleva todo el protagonismo.
 
 

En el otro extremo de la cordillera, los catalanes de la USAP de Perpiñán ganaron por última vez en 2009, tras haberse llevado cinco escudos de Brennus en los años anteriores.

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Los Pirineos son el país del óvalo y el centro del mundo del rugby a 13, gracias a sus clubes de Lézignan, Saint-Estève y Limoux o Carcasona.