En 1898, en su obra Cien años en los Pirineos, Henri Béraldi usa, por primera vez, el término "Pirineísmo", que define como una aproximación intelectual a la montaña, casando lo sensible con lo deportivo. Dicho de otro modo, el pirineísmo se funda uniendo literatura con práctica deportiva y puede resumirse en tres palabras: "Subir, sentir, escribir". De esta forma, tanto alpinistas como escritores llevan años contribuyendo a definir lo que, mucho más que un deporte, se considera una filosofía de vida.

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La leyenda atribuye el primer ascenso pirenaico al obispo Valerius, en el 452, aunque no fue hasta 1672, 1200 años después, cuando el Valier fue realmente doblegado por otro obispo, Bernard de Marmiesse, quien plantó una cruz de piedra en su cima.

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Pero sea quienes fueran los precursores, como Bernard Palassou, que escribió un Ensayo sobre la mineralogía de los Pirineos, en 1781, el inventor del Pirineísmo tiene nombre y apellido: Ramond de Carbonnières, consejero del cardenal de Rohan, exiliado en Barèges tras la investigación del robo del Collar de la Reina.

En 1787 subió al Pic du Midi, pero fue la publicación en 1789, dos años después, de sus Observaciones realizadas en los Pirineos, una especie de escrito iniciático invitando a descubrir la cordillera, la que abrió la puerta a futuros aventureros de la montaña.

Entre ellos estaba Vincent de Chausenque, que conquistó el Néouvielle en 1847, la inglesa Anne Lister, que escaló el pico alto del Viñamala y, muy especialmente, los guías pirenaicos, estos sherpas sin los que ninguna de estas aventuras habría sido posible.

Desde el luchonés Pierre Barrau o los primos de Gavarnie Celestin y Henri Passet hasta François Bernat-Salles, los guías pirenaicos han contribuido sobremanera a escribir la historia del pirineísmo.

Otro gran nombre del pirineísmo, Franz Schrader, geógrafo y pintor, fue el primero en combinar ciencia y poesía y en ofrecer una visión global de los Pirineos. Sus mapas son verdaderas obras de arte.

Desde entonces otros han tomado el relevo, como los hermanos Jean y Pierre Ravier, Georges Véron, Robert Ollivier, Jean-Louis Lechêne, Jacques Jolfre, Louis Audoubert, Patrice de Bellefon, Claude Dendaletche, Rémi Thivel y muchos más, transmitiendo a su vez su propia filosofía de la montaña.