Con sus 23 estaciones termales, repartidas desde Cambo-les-Bains, en el País Vasco, hasta Boulou, en Cataluña, el visitante solo tendrá que preocuparse por escoger. Desde tiempos romanos, las aguas del Pirineo son reconocidas por sus beneficios para la salud y, desde la emperatriz Eugenia hasta Marcel Proust, son muchas las personalidades que se han dejado ver por los balnearios de la cordillera. Reumatología, vías respiratorias, ginecología... los Pirineos son EL destino de la salud.


Desde el siglo XVII el termalismo ha estado contribuyendo a la presencia de turistas en los Pirineos.
 
Primero la alta sociedad del siglo XVII y, más tarde, los artistas románticos, vinieron en gran número "a los Pirineos", para "bañarse en sus aguas".
 
Fueron los romanos los que descubrieron las virtudes de estas aguas que brotaban de la montaña.
 
Se dice, incluso, que Julio César mandaba a sus tropas a Barèges para que se curaran.

 

Lo cierto es que las tres regiones de los Pirineos representan el 48,6 % del mercado francés del termalismo y la riqueza hidrotermal pirenaica, tanto en número de manantiales como en calidad del agua, no tiene rival.
 

 
Por no hablar de la arquitectura de termas que, desde Cauterets hasta Luchon, pasando por Salies-de-Béarn o Molitg-les-Bains, esculpió los paisajes urbanos entre centros balnearios, hoteles de lujo, casinos y parques.
 
En la actualidad, el termalismo en los Pirineos ha sabido cambiar su imagen, algo ya pasada de moda, y propone cada vez más actividades lúdicas, siempre manteniendo el saber hacer médico y usando las últimas tecnologías.
Sulfuradas, sulfatadas, cálcicas, cloradas, sódicas, bromo-yodadas...
 
Las aguas termales de los Pirineos ofrecen una solución a cada uno de sus usuarios.