Estas costas pirenaicas, como las llamara Alain Bourneton, son uno de los rasgos principales de la cordillera. Cada macizo tiene su propia ristra de perlas de azul cristalino.  Estos lagos, en torno a 2500 según Louis Audoubert, son a la vez destino de senderistas y paraíso de pescadores y fotógrafos, como el famoso lago de Ayous, en cuyas aguas se refleja el monte Ossau en tantas imágenes.


Fue el conocidísimo alpinista Louis Audoubert quien lo dijo:  "Las dos principales regiones lacustres del Sur de Europa son: el macizo de les Encantats, en Cataluña, y el de Néouvielle, en los Altos Pirineos franceses".


Y, dejando a un lado País Vasco y Corbières, los Pirineos son un país de lagos: hay registrados más de 2500.

 

 

No se trata simplemente de una cordillera que esconde sus tesoros entre unas aguas azul oscuro. "Estany", en Cerdaña, "Ibon", en Aragón, "estanque", en la zona de Ariège, como el conocido Laurenty, en el Donezan, "laquets" "gourgs" o, simplemente, "lagos", son algunas de las muchas apelaciones que han recibido a lo largo de los siglos.

Marcelin Bérot, en su libro La vie des hommes de la montagne dans les Pyrénées par la toponymie (la vida de las personas de montaña en los Pirineos por toponimia) nos enseña que la apelación más antigua es "oô", tal y como aparece en el lago de Oô, lo que significaría: “lago del lago”.
 
Fue Ludovic Gaurier el primero en crear un registro de los lagos pirenaicos, entre 1924 y 1927.
En su obra Atlas des 210 lacs pyrénéens français (Atlas de los 210 lagos del Pirineo francés) muestra que la acción de los glaciares solo tiene una influencia secundaria en la formación de la mayoría de los sistemas lacustres pirenaicos.
 
Y, para los amantes de las estadísticas, hay que mencionar que el más elevado de todos, el lago helado de Coronas, en el macizo de la Maladeta, se encuentra a 3190 m de altitud.