Los Pirineos fueron una de las primeras regiones francesas pioneras en el uso de la energía hidroeléctrica y muchas presas se han convertido en destinos turísticos. La de Portillon (31) a 2 566 m de altitud es la más alta, la de Laparan (09) es la más grande, con un muro de 106 m de alto, la de Lanoux (66) es la de mayor volumen, con 70 millones de m3 y la de Olhadoko (64) la más reciente (1996).
 
 
Fue un vecino de Lorp, en Ariège, Aristide Bergès, hijo de un fabricante de papel quien, en 1833 consiguió hacer funcionar una turbina únicamente con la fuerza del agua, inventando así lo que llamaría la "hulla blanca". Pero no fue hasta 1864 cuando se puso en marcha la primera presa hidráulica de los Pirineos, la de Orédon, en el municipio de Aragnouet, para regular y aumentar el flujo del canal de la Neste, en la región de Altos Pirineos.
Sin embargo, no empezó a pensarse en la creación de reservas de agua hasta inicios del siglo XX, cuando las necesidades energéticas del ferrocarril se hicieron evidentes. La época de las presas acababa de comenzar.
 
A partir de 1914 la Compañía de Ferrocarriles de Midi comenzó la construcción de la presa hidráulica de Oule y, en junio de 1929, creó la Empresa Hidroeléctrica de Midi (SHEM), que se convirtió en el protagonista del impulso de la energía hidroeléctrica en los Pirineos.
 
A partir de la Segunda Guerra Mundial la energía hidroeléctrica cobró una importancia primordial. Fue en esta época cuando se construyeron las presas de Pragnères, con su sistema de alimentación sobre tres presas, hasta entonces nunca visto, y las presas de Ossoue, Escoubous y Cap-de-Long, con más de 40 kilómetros de galerías. Solo para Cap-de-Long fueron necesarios más de 250000 m3 de hormigón, para crear su presa abovedada, con capacidad para 67 millones de m3 y una profundidad de 100 m. Esta se terminaría en 1953.
 
La construcción de las presas fue encadenándose: les Gloriettes (1952) en el torrente de Estaubé, Escoubous (1953), Naguilhes, en Ariège (1957) Migouélou (1959) en el valle de Gaves.
 
Las últimas presas hidráulicas que vieron la luz son las de Ariège, Pla de Soulcem (1983), Garrabet (1984), Laparan (1985) y su hermana pequeña, Olhadoko (1996) en el País Vasco.