El distraído podría pensar que los Pirineos están reservados exclusivamente a los amantes de la naturaleza y del deporte, pero esto sería olvidar que los pirenaicos, desde el País Vasco a la costa catalana, son auténticos epicúreos. Pastel al es-petón, sopa garbure, pimiento de Espelette, cerdo negro, ragout blanquette a la nata de Limoux, quesos en abundancia, vinos de calidad y muchas otras especialidades que proporcionan no pocas razones para venir a visitar los Pirineos.

Quien no ha probado, al volver de un día de esquí o de senderismo, una consistente sopa garbure de Béarn no sabe que el esfuerzo se compensa siempre con alimento.

En cuestión de gastronomía, cada región pirenaica esconde su pequeño tesoro. Entonces, ¿por qué no sentarnos y saborear?
 
Para comenzar, una buena sopa garbure de Béarn o un potaje azinat, esta sopa de Ariège a base de col y de charcutería que, al igual que la garbure, es un plato para los fuertes. A continuación podremos saborear algo de chacina, como el famoso jamón de Bayona IGP o un poco de pato graso de los Altos Pirineos. Al llegar a la carne la elección se hará más complicada: desde la ternera gascona pasando por el cordero D.O de Barèges-Gavarnie o, por supuesto, el famoso cerdo negro, gascón o vasco. En cuanto a verduras tenemos las judías de Tarbes y las cebollas de Trébons, por no olvidar las setas: boletus, rebozuelos y setas de San Jorge, por doquier en estos lares, pero shhhh...
 
 

 

 

488-jean-noel-herranzfromageweb.jpg



Un buen queso de oveja Ossau-Iraty, un tomme de los Pirineos, un Bethmale a la leche cruda o algunas maravillas de cabra, totalmente artesanas, antes de sucumbir ante un buen pastel en espetón o el único pastel ruso de Artigarrède a Oloron. Todo, por su-puesto, acompañado de algunos Irouléguy, Jurançon, Corbières, Fitou o vino de Roussillon, sin olvidar, cómo no, el famoso ragout blanquette de Limoux.