Montaña, muntanya, montagne, montanha, mendi... de Este a Oeste, de Atlántico a Mediterráneo, del Jaizkibel al Cap de Creus, extendiéndose por casi 430 km, los Pirineos son políglotas. Aquí se habla vasco, occitano, francés, castellano y catalán. Y es de este crisol multicultural, con mañanas de sol mediterráneo y tardes de oleaje oceánico, de donde la cordillera pirenaica extrae su identidad.
 
 

La montaña vasca culmina a 2017 m, en el Pico de Ori, y es en la zona de Béarn donde los Pirineos comienzan a cobrar altura, con las primeras cumbres míticas: Pic d’Anie (2 504 m), Ansabère (2 365 m), y uno de los señores de la cordillera, el Ossau (2 884 m).
 
Los Pirineos centrales abordan la alta montaña: Marboré (3 248 m), Cylindre (3 335 m), le Casque (3 006 m), Astazou (3 071 m), Taillon (3 144 m) y, por supuesto, el Viñamala (3 298 m), punto culminante de los Pirineos franceses.
 
Pero es en Gavarnie, con su magnífica cascada y su famoso circo, donde los Pirineos alcanzan la perfección.
 
Desde la meseta de Haute-Garonne se puede admirar el maravilloso cuadro de fondo de los Pirineos, desde el Pic du Midi de Bigorra (2 877 m) al Aneto, la cima más alta de los Pirineos (3 404 m).
Las montañas de Ariège son temidas por sus desniveles; y es que, para llegar al Valier (2 838 m)  hay que subir casi 2 000 m.
 
Con una altitud media cercana a los 2000 m, el Principado de Andorra es el estado más alto de Europa.
 
Antes de que los Pirineos y la cordillera de Albères vayan a morir entre las aguas cristalinas del Mediterráneo atraviesan algunos valles legendarios en la región de Aude, la meseta de Capcir, engastada en su círculo de montañas, el Carlit (2 921 m) o el Puigmal (2 910 m) y el Canigó (2 784 m), montaña sagrada de los catalanes.