Siguiendo los pasos de Ramond de Carbonnières y de sus Observaciones hechas en los Pirineos un gran número de escritores, de Victor Hugo a Baudelaire, pasando por científicos, alpinistas y agüistas han estado contribuyendo durante siglos a crear la reputación y la leyenda de los Pirineos. En la actualidad, todavía hay multitud de cineastas y escritores que alaban a esta cordillera, en absoluto semejante a las demás.

No es necesario ser pirenaico para ser pirineísta, como nos muestran todos los escritores que se enamoraron de los Pirineos: Vigny, Taine y su Viaje a los Pirineos, George Sand, Flaubert, Baudelaire, Chateaubriand, Lamartine, Hugo…

El lirismo alcanza su grado máximo.

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Podemos leer a Hugo, adalid de Gavarnie: "Una montaña y una muralla al mismo tiempo. El edificio más misterioso para cualquier arquitecto. El Coliseo de la naturaleza, eso es Gavarnie.", o a Vigny: "¡Oh, montañas de azur! ¡Oh, país adorado! Rocas de Frazona, Circo de Marboré, Cascadas que caen de las nieves arrastradas, manantiales, riachuelos, arroyos, torrentes de los Pirineos...".

Y Baudelaire, que vino a festejar su bachiller: "Hay un lago sombrío, encajado en el abismo formado por unos picos desolados y nevados..." Estos románticos no podían sino adorar estas montañas que estaban descubriendo, como quien descubre un nuevo mundo.

Por su parte, los científicos también descubrían las montañas, como Augustin Pyramus de Candolle, que en 1807 lleva a cabo una travesía integral para registrar la primera Flora de los Pirineos.

A mediados del siglo XIX, el tolosano de origen irlandés Henry Russel, enamorado del Viñamala, publica Los grandes ascensos en los Pirineos.

Mucho más cerca de nosotros, los hermanos Larrieu, realizadores de Lourdes, han situado el escenario de varias de sus películas en los Pirineos que, mucho más que un decorado, para ellos se trata de un auténtico personaje; esta "cordillera de los grandes desengañados", como dijera el increíble René Char en su poema Pirineos.