Desde el siglo XIX, los agüistas venidos de toda Europa, anónimos o famosos, han estado fomentando la proliferación y la fama de las ciudades termales. Con ellas se impuso una arquitectura fastuosa, marcada por la presencia de grandes hoteles, edificios termales, casinos, parques y un estilo urbanístico muy abierto.
Argelès-Gazost, Luchon, Molitg-les-Bains, Bagnères-de-Bigorre, Ax-les-Thermes... y otras muchas ciudades que exhiben los esplendores de un pasado dorado.

No importa que sea en Eaux-Bonnes, en Salies-de-Béarn, en Eaux-Chaudes, Luchon o Aulus... prácticamente todo el Pirineo está plagado de grandes hoteles que, hasta la fecha, dan testimonio de la grandiosidad de las ciudades termales pirenaicas del siglo XIX.

El mito de los Pirineos, cordillera agreste, acaba de ser inventado por los Románticos; ya se ha escogido el destino.

Cauterets, conocida desde la época romana por la calidad de sus aguas termales sulfurosas empieza a ser frecuentada por Margarita de Angulema, reina de Navarra, en 1546, convirtiéndose en destino de moda durante el siglo XIX. La alta sociedad urbanita empieza a llegar en masa y todo el entorno de la ciudad (lago de Gaube, Pont d'Espagne, valle de Marcadau, Vignemale...) seduce a los artistas.
 

Victor Hugo se instala en la calle que hoy día lleva su nombre; la princesa rusa Galitzina se construyó una isba de madera, que aún sigue en pie, en la rue du Mamelon Vert.

Fue también en esta época cuando Cauterets se vio sepultada por las transformaciones urbanas: la construcción de las Thermes César, en 1844, los grandes hoteles, como el Continental y el Angleterre y algunas locuras arquitectónicas como la estación al estilo "lejano oeste", completamente revestida de abeto nórdico que fuera, de hecho, el pabellón de Noruega en la exposición universal de 1889, desmontado y vuelto a construir aquí.

Lamartine, Flaubert, Maupassant, Mirbeau, Alfonso XIII... frecuentan Luchon. La "Reina de los Pirineos" se transforma: se construye el Casino, la estación de tren... En Ariège, en solo unos años, el termalismo transformó la pequeña aldea de Aulus en Aulus-les-Bains y, en 1849, la estación dispone de tres hoteles para acoger a agüistas y personalidades destacadas.
 
El siglo XIX transformó radicalmente la arquitectura de las ciudades termales pirenaicas, con la multitud de tesoros que han sabido preservar en su interior.