Millares de ovejas, vacas de la mayoría de razas exclusivamente pirenaicas, caballos en libertad en Ariège y el País Vasco, rebaños transhumantes subiendo al agostadero o bajando, algunas inusuales vacas salvajes y perros, compañeros incansables de los pastores para guiar y proteger a los rebaños. Todos estos animales, domésticos o un poco menos, podrán ser vistos por toda la cordillera.
Pasan su tiempo siguiendo con la mirada a la multitud de senderistas que atraviesan la reserva de Orlu, en Ariège.
 

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La vaca gascona pasa sus veranos desde épocas ancestrales en los agostaderos repartidos por todos los Pirineos.
 
Al igual que su prima, la vaca casta, reconocible por sus grandes cuernos, o la lurdesa, que pasa más tiempo en la montaña que en el establo.
 
De esta forma, multitud de animales de ganadería pueden verse en libertad por toda la cordillera, especialmente los rebaños ovinos.
 
Teniendo en cuenta la enorme importancia histórica del pastoreo uno no puede sorprenderse al cruzarse con los enormes rebaños de ovejas que pastan por aquí.
Solo el ojo avezado del especialista podrá diferenciar a la tarasconesa, que integra la mayoría de los rebaños pirenaicos, de la castellana, la baregesa o, incluso, la vasco-bearnesa, que se encuentra más especialmente en los valles de Ouzon y de Ossau.
 
Solo la característica oveja Manech, con su cabeza negra, se diferencia de sus congéneres y puede ser vista en el Alto Soula y el valle de Aldudes.

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Así, podrá observarlas y seguirlas en su famosa transhumancia cuando, a finales de la primavera o inicios del verano, los pastores las suben a los agostaderos, haciendo el camino opuesto normalmente a inicios del otoño. A veces nos encontramos con rebaños de cientos de animales desfilando por el asfalto, guiados por el impetuoso labrit, el histórico pastor de los Pirineos que, cada vez más, está siendo sustituido por su primo lejano escocés, el border collie. Por su parte, el Gran Pirineo es el guardián y protector del rebaño frente a predadores, imponiéndose con su enorme estatura.
 
También podrá cruzarse con caballos de Mérens, criados en semilibertad, en las montañas de Ariège o, en el otro extremo de la cordillera, con algunos pottokak saltarines, en la zona de Urepel, a veces acompañados de una betizu (o betisoak), la única especie de vaca salvaje de los Pirineos, en la actualidad en vías de extinción.