Todos los caminos tradicionales, salgan de Arles, de Puy o de Tours, convergen en los Pirineos, donde se suman alcamino español. Hay un cuarto sendero, el de Arles, que atraviesa naturalmente la zona de Roussillon y Cataluña. Pero todas comparten un rasgo común: ser rutas de senderismo inigualables con destino a Santiago de Compostela y una agradable forma de descubrir las riquezas del patrimonio religioso pirenaico.
No pasan desapercibidos los senderistas que, bastón en mano y concha alrededor del cuello, atraviesan los Pirineos para llegar a Galicia.
Fue en 1140 cuando se redactó la primera guía para peregrinos, de la mano de Aimery Picaud.
 
 
Al llegar a Ostabat, en los Pirineos Atlánticos, pocos kilómetros antes de Saint-Jean-Pied-de-Port, se encuentra la placa grabada con la estrella de cinco puntas y la concha, marcando el punto en que se cruzan los tres caminos de Santiago principales: el de Puy, el de Vézelay y el de Tours.
 
Ya sea por Roncesvalles o por Somport,
 
los Pirineos siguen siendo el lugar de paso obligatorio para los peregrinos hacia Santiago.
 
En el extremo oriental hay 120 kilómetros de camino señalizados y algunos de estos recorridos retoman la ruta que emprendiera San Francisco de Asís, quien entre 1211 y 1215 pasó por Perpiñán y creó el monasterio franciscano destinado a acoger a peregrinos.
 
 
Estos cuatro senderos, de Perpiñán a la Seu de Urgel, de Perpiñán a Ripoll, pasando por el puerto de Ares, por Céret y Coustouges y, finalmente, la cuarta ruta, que pasa por Boulou y el puerto de Perthus, muestran una abundante riqueza patrimonial en iglesias, especialmente la Abadía de San Miguel de Cuixá, prioratos y monasterios.
 
También existe un camino del piamonte pirenaico, variante del camino de Arles que, aunque separada de las cuatro grandes rutas, permite descubrir lugares como Saint-Lizier y Saint-Bertrand-de-Comminges.