De la sima de Pierre-Saint-Martin, la mayor cueva subterránea de Europa, hasta la cueva de Mas d'Azil, pasando por la sima de Esparros, el arroyo subterráneo de Labouiche o, incluso, las grutas de Lombrives, Betharram, Gargas, Niaux o la Vache, los Pirineos esconden magníficas sorpresas geológicas, algunas de ellas únicas en Europa.
Como si de un regalo de los dioses se tratara, además de encontrarse entre mar y océano y contar con maravillosas cumbres, cañones, circos y valles, los Pirineos albergan incomparables tesoros subterráneos, empezando, en el límite entre Soule y Béarn, por la sima de la Pierre-Saint-Martin, la mayor sala subterránea de Europa y una de las mayores del mundo, que nos ha revelado una de las mayores aventuras humanas del siglo XX.
 

la-verna.jpg

Y es que, el 13 de agosto de 1953, Georges Lépineux, acompañado de Daniel Épelly y Jimmy Théodor, alcanzaron 734 m de profundidad en la sala que sería bautizada como Verna.

Sus dimensiones son extravagantes: 245 metros de diámetro y 194 de alto, unas tres veces la altura de las torres de Notre-Dame.
 
 

 

speleologie.jpg



En el valle de Baronnies, la sima de Esparros se muestra como un tesoro cristalino sin parangón. Sus masas de aragonita (cristales de yeso o calcitas) forman auténticos ramos de piedra, tan delicados y frágiles como los de las flores verdaderas.
 
En Ariège, se encuentra la gruta de Lombrives, la mayor de Europa, y el arroyo subterráneo de Labouiche, que ofrece un asombroso paseo en barco de 1500 m, a 60 metros de profundidad.
 
No lejos de allí se encuentra también la cueva de Mas d'Azil, con sus inmensas galerías excavadas en el seno del macizo Plantaurel, presentándose también, como un conjunto único en Europa.
 
Allí se refugiaron los magdalenienses hace miles de años y su importancia dio nombre a una época prehistórica, el aziliense.